LOS TRABAJOS DE LA BRISAPara Aitor, al que le gusta el mar tanto o más que a mí, y para su familia: Lucrecia, Thierry y Adrián, que nos ofrecieron su afecto, su casa y una paella de ensueño en un lugar de ensueño frente al mar. Gracias de corazón
Quería estar yo aquí, igual que estas nubes
sobre el mar, sin más criterio
que el de la brisa,
quería estar como se vive
allí donde la vida ya no pesa.
Con esa intención o falta de intención
seguía a unas gaviotas en el aire,
embelesado, las seguía
como un niño que acaba de aprender a volar
y es feliz siendo estela.
¡Qué hallazgo el de la brisa!
Qué importa no poder volver
si se amanece visitando
balcones con la luz primera,
abriendo las ventanas,
besando antes que nadie las mejillas,
soplando el frescor a los cuerpos estáticos.
Y bajar raudo, descender
como el Espíritu desde las cimas;
mejor: ser ese Espíritu callado
que en los amaneceres en el mar
bautiza al agua.
Con estas melodías encender
primeros pensamientos,
certezas de un instante gozoso como nunca,
ráfagas de un tiempo ya sin tiempo.
Quería no querer
más que esta brisa que me respira ahora,
que con su manos diáfanas me lleva
de salvación colmado, de quietud.
Frondosa y fundadora dicha
de íntimos hallazgos cotidianos y suaves
como pequeñas conchas en la playa.