
Nos acogía la mañana azulísima
de un domingo nutricio
y ese cambio de luz
que se da en Albacete
a finales de octubre.
Tu voz al fondo,
como si todo hubiera ya pasado:
“..y plantaremos lilas y jazmines,
son las plantas que nos van a los piscis”.
Callaste súbitamente
y sobrevino,
sobre todas las mesas del bar acristalado,
un silencio oloroso, perdurable.
Y pasó un ángel,
Tras él una nevada de hojas
del mismo color que tus palabras.
Y caían en vals,
como escamas bellísimas
de un pecado antiguo y superado.
Dentro de esa pureza regalada
llegó el otoño con su primer día.
Y me supo a la paz de después del amor.