
LAS 8,30 EN LA CALLE DE LA LUZ
Salir de mi casa y de mis manos,
escapar de mi amor y de mi mente
hacia un legado de certezas
que deslumbran.
Saberse parte del milagro
de la calle inundada por la luz.
Dejar para seguir en lo distinto.
Esperar en el agua que me espera,
que abarrota mi pecho.
Saber que todo se mueve hacia la luz.
Salir a mí que me poseo
fuera de mí,
que ando sereno y decidido
mientras sigo el sendero infalible de mi sol.
Dedicado a todos los que entráis aquí, comentéis o no, porque me ayudáis, más que los premios y las publicaciones, a ser lo que más intimamente soy: poeta. Gracias